Parecía que el uno se mantendría del otro y viceversa. Pero en los últimos días ha quedado claro que la cultura rural y el turismo rural no están condenados a entenderse.

La noticia se hizo viral cuando el vídeo del ganadero Nel Cañedo dio la vuelta al país protestando tras que se conociera la noticia de que en Cangas de Onís un pastor había sido obligado a cerrar su gallinero por las quejas de un hotel ‘rural’ cercano.

En los últimos días han sido los ganaderos asturianos quienes han pedido respeto al sector hotelero rústico. Son numerosas las quejas que reciben por cuestiones tan habituales en el mundo rural como olor a vaca, el ruido de las gallinas o el paso del perro pastor. Situación que ha derivado en muchas ocasiones en acoso a ganaderos y agricultores e incluso ataques.

Por ello, el colectivo de trabajadores rurales asturianos pide que solo se pueda reconocer como turismo rural aquel que haga una auténtica «vinculación con las actividades del campo». Pues el ‘apellido’ rural debe significar, al menos, respeto por el mismo.

Habrá que encontrar caminos de entendimiento para que el turismo rural, principalmente creado desde las ciudades, pueda convivir, contribuir y apoyar el mundo rural. Hasta ahora es una lucha de gigantes contra enanos. La única esperanza para el mundo rural es recordar que David ganó a Goliat

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