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Tres ganaderos nos cuentan su experiencia: del cencerro al collar GPS

La ganadería es uno de los sectores menos modernizados

Solo hay que echar un vistazo a nuestro alrededor para darnos cuenta de que la tecnología está cada vez más presente en todo lo que hacemos. Y aunque parece avanzar imparable en su principio de hacernos la vida más fácil, todavía hay sitios contextos donde le está costando abrirse paso. El sector ganadero es uno de los que mejor lo ejemplifica.

El problema no viene de que no se haya desarrollado tecnología capaz de modernizar esta actividad. Existen dispositivos especialmente desarrollados para facilitar el día a día de los ganaderos, como es el caso de los dispositivos de geolocalización que monitorizan la actividad de los animales y la envían directamente al móvil. En muchos casos, la causa principal del problema reside en el desconocimiento de este tipo de avances tecnológicos. Para otros, lo que se pone en duda es la efectividad de los mismos.

En la sierra sur de La Rioja ya hay 86 ganaderías que han decidido apostar por introducir esta tecnología en su actividad profesional. Es esta zona ya son 573 cabezas de ganado las que cuentan con dispositivos de geolocalización. “Según los cálculos de la Sección de Sistemas de Información Geográfica PAC, con estos dispositivos estarían cubiertos en torno a 21.300 animales, aproximadamente un 15% de la ganadería extensiva de La Rioja”

Tres de estos ganaderos cuentan su experiencia de cerca: Óscar Fernández en Santa Engracia del Jubera, María José González en Laguna de Cameros y Gabriel Esteban en Ventrosa. Cada uno de ellos tiene su propia manera de hacer las cosas, pero todos comparten que la impresión de que cambiar el cencerro por collares GPS ha sido positivo.

Óscar Fernández es pionero en su región

‘Los Vetas’, que es como se conoce a Óscar Fernandez y sus hermanos, cuentan cómo en su ganadería cada vez apuestan más por tener a sus animales en el campo, ya que ahí “están mucho mejor por su bienestar y sanitariamente”. Sin embargo, esta decisión les supuso más trabajo.

“La vigilancia y la supervisión diaria era un quebradero de cabeza. Muchas veces, cuando las vacas están próximas al parto, se escabullen, se meten en el arbolado o entre la maleza y te puedes pasar varios días buscándolas; luego aparecen con el ternero, sin ternero o te indican los buitres dónde está el animal muerto porque no ha podido parir”.

El tiempo y el gasto que Óscar tenía le llevó a pensar que “si la tecnología está en todos los ámbitos de la sociedad, en esto nuestro tiene que haber algún sistema para poder vigilar a los animales”. Así fue cómo este ganadero descubrió los collares GPS de Digitanimal, tras descartar otras opciones por motivos como la duración de la batería o que el acceso requería un ordenador en lugar del móvil.

Indica Óscar, que tras descubrir que el proyecto nace de las necesidades reales dentro de la ganadería de uno de los fundadores de la empresa, decidió adquirir unos dispositivos GPS. Tras probarlos, se convenció de su eficacia y le planteó a la Consejería de Agricultura la creación de unas ayudas para su implantación.

La idea fue bien acogida, pues no solo suponía la modernización del sector, sino también contar con una herramienta para facilitar el seguimiento y la gestión de los pastos comunales declarados en las ayudas de la PAC. Gracias a la implantación de está tecnología, la Consejería de Agricultura de La Rioja está realizando un estudio pionero con los datos que se recogen de los más de 500 localizadores activos actualmente.

Desde que en Santa Engracia del Jubera dieron el salto tecnológico, se aprovechan al máximo de las funciones de la aplicación de Digitanimal asociada a los dispositivos. Es decir, que además de la localización de los animales, tienen un seguimiento de la temperatura corporal que proporcionan los sensores del collar. También rastrean las trayectorias seguidas para detectar si existen anomalías en el comportamiento, o delimitan límites virtuales en el mapa para que cuando estas ocurren, la aplicación genere una alerta.

Los hermanos Fernández, echando forraje a las vacas y revisando su ubicación en la APP de digitanimal. Fotos: Cuaderno de Campo

María José González

María José, ya estaba cansada de recorrer incontables kilómetros con su vieja Mercedes por los montes de Laguna de Cameros. Dice que “gastaba más en gasoil de lo que valen los cabritos” de todas las veces que tenía que salir a buscar a sus animales para devolverlos al corral. Una noche volvió tarde a casa sin encontrarlos y se levantó al alba para continuar. Asegura que se calentó tanto que dijo “hasta aquí hemos llegado”.

Decidió llamar a Óscar para pedirle el teléfono de Digitanimal y encargar cuatro collares GPS sin decirle nada a nadie. Tras ponerlos tuvo que escuchar reproches de su padre, como que nunca había necesitado él nada para localizar el ganado y que se trata de otro invento para sacar dinero. María José ríe cuando lo recuerda porque ahora su padre le pide cada día mirar “el chisme ese a ver dónde andan los animales”.

Con 8 collares más solicitados en la convocatoria de ayudas, ya son un total de 12 a repartir según las necesidades: hembras próximas al parto, terneros jóvenes o algún toro con tendencia a extraviarse en busca de vacas en celos como el Josemari. También a veces para algún rebaño de ovejas.

Es el caso del que sale a buscar después de haber dejado de marcar. Prepara la mercedes y unas bolsa con pan antes de consultar en la aplicación el último punto donde estuvieron sus ovejas. Entonces aclara que “deben de haber bajado a beber agua al barranco porque hace un buen rato que no marcan. Enseguida saldrán a cobertura, casi seguro que detrás de ese cerro”.

María José reconoce lo bien que le hubieran ido los GPS durante las muchas dificultades que atravesó en sus inicios, como la vez que un temporal de nieve dejó aislada una partida de ovejas y en la primavera siguiente abortaron casi todas. Pero también comparte momentos bonitos como la llegada de su primer parto. Tuvo la posibilidad de detectarlo gracias al collar que había colocado a La Pirenaica, que detecto la subida de temperatura y marcó el punto exacto donde se encontraba. “Tienes que trabajar todos los días igual, pero estos aparatos te facilitan mucho la vida” concluye.

Maria José nos muestra cómo utiliza digitanimal en su día a día. Fotos: Cuaderno de Campo

Gabriel Esteban

Desde Ventrosa, apuntan a otro factor donde los equipos GPS pueden ser beneficiosos. Se trata de la presencia del lobo y su impacto en las ganaderías que están expuestas a los ataques. Los ganaderos de está zona procuran dejar los rebaños agrupados por la noche para prevenir el ataque. Como señala Gabriel “si las ovejas están esparcidas es más probable que haya algún ataque por la noche”. Este tipo de prevención ayuda, pero está lejos de ser suficiente.

Es por ello que los collares GPS son esenciales. Es cierto que todavía no previenen del ataque (se está trabajando en su desarrollo), pero la actividad que registran permite actuar con rapidez. Es frecuente que los lobos no dejen rastro de las presas a las que atacan, lo que impide que los ataques puedan ser reconocidos. Hacerlo es vital para justificar los censos y optar a ayudas, por eso actuar de forma inmediata es tan importante. Sin la localización por GPS, no sería posible.

Pero no es fácil controlar unas 700 ovejas con apenas media docena de dispositivos. Y justificar los ataques es clave para optar a más unidades mediante las ayudas. Por eso mientras se concretan, Gabriel ha ideado su propio método para buscar la máxima eficiencia de los equipos con los que cuenta. Se ha dado cuenta de que predecir qué animal tiene más riesgo de alejarse del rebaño y quedar indefenso es arriesgado. Sin embargo, los perros siempre van a proteger al animal que se aleje. Por eso ha colocado los collares a sus mastines, y de esta manera sabe dónde están tanto el rebaño como los animales dispersados.

Gabriel Esteban y sus animales en las proximidades de Ventrosa. Fotos: Cuaderno de Campo

Puedes leer el artículo completo de la revista Cuaderno de Campo aquí, o ver la página oficial de la revista.

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